El interés simple siempre se calcula sobre el monto original que pusiste. El interés compuesto se calcula sobre ese monto más los intereses que ya ganaste, así que la base crece cada periodo. Cuando inviertes a largo plazo, el compuesto juega a tu favor; cuando debes dinero, juega en tu contra.
La diferencia entre uno y otro se entiende mejor con números que con definiciones. Aquí te explicamos cómo se calcula cada uno, con ejemplos en pesos, y en qué momento el interés compuesto empieza a separarse del simple lo suficiente para que se note en tu bolsillo.
¿Qué es el interés simple?
El interés simple se calcula siempre sobre el monto inicial. Eso significa que los intereses no se van acumulando para generar nuevos intereses: cada periodo ganas o pagas lo mismo.
Ejemplo de interés simple
Si inviertes $10,000 a una tasa de 10% anual durante 3 años, con interés simple ganarías:
- Año 1: $1,000
- Año 2: $1,000
- Año 3: $1,000
Al final tendrías $13,000.
¿Qué es el interés compuesto?
El interés compuesto sí acumula los intereses. Es decir, cada periodo se calcula sobre el capital inicial más los intereses que ya se generaron antes. Por eso se conoce como interés sobre interés.
Ejemplo de interés compuesto
Con los mismos $10,000 al 10% anual durante 3 años:
- Año 1: $11,000
- Año 2: $12,100
- Año 3: $13,310
Aquí terminas con $13,310, no con $13,000. La diferencia parece pequeña al inicio, pero con los años se vuelve enorme.
¿Por qué importa tanto?
Porque este concepto aparece en casi toda tu vida financiera.
Si estás invirtiendo
El interés compuesto puede ayudarte a construir patrimonio más rápido, sobre todo si empiezas pronto y eres constante.
Si tienes deudas
El interés compuesto también puede jugar en tu contra. Muchas tarjetas, créditos y adeudos crecen precisamente porque los intereses se acumulan.
Ejemplo a largo plazo
Supón que inviertes $10,000 al 10% anual durante 20 años.
- Con interés simple, terminarías con $30,000.
- Con interés compuesto, terminarías con aproximadamente $67,275.
Misma inversión inicial. Misma tasa. Resultado completamente distinto. Eso es lo que hace tan importante entender cómo funciona el interés compuesto.
Entonces, ¿cuál conviene más?
Si quieres hacer crecer tu dinero, normalmente te conviene más el interés compuesto.
Si estás evaluando una deuda, necesitas poner atención a cómo se calculan los intereses, porque eso afecta muchísimo el costo real que terminarás pagando.
Conclusión
Entender la diferencia entre interés simple e interés compuesto no es un detalle técnico: es una base de educación financiera. Si quieres construir patrimonio, el interés compuesto puede ser uno de tus mejores aliados. Si tienes deudas caras, ignorarlo puede salir muy caro.
Preguntas frecuentes
¿El interés compuesto también aplica a mis deudas?
Sí, y es la parte que casi nadie ve venir. En una tarjeta de crédito, los intereses que no pagas se suman al saldo, y al mes siguiente te cobran intereses también sobre esos intereses. Es el mismo motor que te ayuda cuando inviertes, nada más que apuntando hacia el otro lado. Por eso una deuda cara “sola” nunca se queda quieta: crece cada mes que no la atiendes.
¿Cada cuánto se capitaliza el interés y por qué importa?
Capitalizar es el momento en que los intereses ganados se suman a tu saldo y empiezan a generar intereses ellos también. Puede ser diario, mensual, trimestral o anual, y lo define el producto, no tú. Entre más seguido capitaliza, más rápido crece la bola de nieve. Es el dato que casi nunca viene en el anuncio y siempre viene en el contrato: búscalo antes de comparar dos opciones que “pagan lo mismo”.
¿Cuál me conviene más, interés simple o compuesto?
Depende de qué lado de la mesa estés. Si eres tú quien pone el dinero —una inversión, un ahorro—, te conviene el compuesto, y entre más tiempo lo dejes, más se nota la diferencia. Si eres tú quien debe el dinero, te conviene el simple, porque el compuesto hace que la deuda crezca sobre sí misma. Regla corta: compuesto a tu favor cuando inviertes, en tu contra cuando debes.
Entender el interés compuesto es el primer paso; el segundo es saber qué parte de tu dinero puede quedarse quieto el tiempo suficiente para que sirva de algo. Eso se resuelve antes de elegir instrumento: te lo explicamos en cómo organizar mis finanzas personales, y si prefieres verlo con alguien, en asesoría financiera personal.
¿Tu caso es más específico que un artículo? Cuéntanos qué estás decidiendo y te decimos si tiene sentido una asesoría.
Eduardo Sucarrats
Co-Fundador y Director · CFA, CAIA
Escribe sobre finanzas personales con una sola regla: si no se puede explicar en español simple, no está bien entendido. Conoce quién está detrás de Plana.